Había una vez, un corazón que latía en el espacio, buscando ......



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domingo, 25 de agosto de 2013

viernes, 18 de enero de 2013

domingo, 23 de diciembre de 2012

Cuento de Navidad



Hace algunos años, unos jóvenes misioneros visitaron un hogar en el que vivían 100 niños y niñas que habían sido abandonados y dejados en manos del Estado. De allí surgió esta historia relatada por los mismos visitantes: Se acercaba la época de las fiestas y los niños del hogar iban a escuchar por primera vez la historia tradicional de la Navidad. Les contamos acerca de María y José llegando a Belén, de como no encontraron lugar en las posadas, por lo que debieron ir a un establo, donde finalmente el Niño Jesús nació y fue puesto en un pesebre. A lo largo de la historia, los chicos no podían contener su asombro. Una vez terminada les dimos a los chicos tres pequeños trozos de cartón para que hicieran un pesebre. A cada uno se le dio un cuadrito de papel cortado de unas servilletas amarillas. Siguiendo las instrucciones, los chicos cortaron y doblaron el papel cuidadosamente colocando las tiras como paja. Unos pequeños cuadritos de franela, cortados de un viejo trapo, fueron usados para hacerle la manta al bebé. De un fieltro marrón cortaron la figura de un bebé. Mientras los niños armaban sus pesebres, yo caminaba entre ellos para ver si necesitaban alguna ayuda. Todo fue bien hasta que llegué donde el pequeño Mateo estaba sentado. Parecía tener unos seis años y había terminado su trabajo. Cuando miré el pesebre quedé sorprendido al no ver un solo niño dentro de él, sino dos. Le pregunté, entonces, por qué había dos bebes en ese pesebre. Mateo cruzó sus brazos y observando su trabajo comenzó a repetir la historia muy seriamente. Por ser el relato de un niño que había escuchado la historia de Navidad una sola vez estaba muy bien, hasta que llegó la parte donde María pone al bebé en el pesebre. En ese momento Mateo empezó a inventar su propio final para la historia y dijo: - Y cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar. Yo le dije que no tenía mamá ni papá, ni tampoco un hogar. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con Él. Le dije que no podía, porque no tenía un regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso pensé que cosa tenía que pudiese darle a Él como regalo, se me ocurrió que un buen regalo podría ser darle calor. Por eso le pregunte a Jesús ¿Si te doy calor, ese sería un buen regalo para ti? Y Jesús me dijo: "si me das calor, ese sería el mejor regalo que jamás haya recibido". Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre. Cuando el pequeño Mateo terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de lágrimas empapando sus mejillas. Se tapó la cara, agachó la cabeza sobre la mesa y sus hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo. El pequeño Mateo habia encontrado a alguien que jamás lo abandonaría. Alguien que estaría con él para siempre!!!! Y yo aprendí que no son las cosas que tienes en tu vida lo que cuenta, sino a quienes tienes, lo que verdaderamente importa.

domingo, 6 de mayo de 2012

Kazztrina la brujita caprichosa

Kazztrina era la brujita más caprichosa y pedigüeña que se podía imaginar. Todo lo quería al momento y sin esfuerzo, y no dudaba en gritar y patalear para conseguir lo que fuera. Tanto, que de vez en cuando su papá agitaba la varita para concederle alguno de sus deseos. Hubo un día en que su papá estuvo tan concentrado en una de sus pociones que salió a toda prisa y olvidó la varita sobre la mesa. Así que la pequeña bruja no tardó en poner a prueba su magia.

Aquello era como un sueño para Kazztrina. La brujita no dejó de usar la varita mágica ni un solo momento, y ante ella aparecieron vestidos de princesa, príncipes encantados, duendes, animales y todo tipo de objetos mágicos y maravillosos, tantos como le dio tiempo a desear en un solo día.

A la mañana siguiente, un murmullo de quejas y lamentos despertó a Kazztrina. Adormilada, se asomó a la ventana, y apenas podía creer lo que veía: cientos de seres y criaturas del bosque protestaban enfadadísimos ante su casa. Caminó hasta la puerta y les preguntó qué deseaban.

- ¡Has secuestrado a mi tío! - gritaba un duende.

- Devuélveme mi dragón- protestaba un ogro.

-.¡Ahí está mi corona!- decía una dulce princesa.

Y así, todos cuantos se agolpaban a su puerta habían acudido allí para que Kazztrina les devolviera aquellas cosas que había hecho aparecer en su casa el día anterior, pues todas les habían desaparecido a sus propietarios. Algunos habían sufrido problemas muy gordos, y Kazztrina se sintió fatal por haber causado aquel estropicio.

Así, formaron una gran hilera, y uno a uno, les fue devolviendo todo lo que había hecho aparecer el día anterior, pidiendo disculpas por no haber pensado en las consecuencias de sus caprichos, y prometiendo su ayuda para reparar todos los daños que hubiera causado. Cuando, bien entrada la noche, le llegó el turno al último de la fila, Kazztrina descubrió con miedo que era su padre, quien venía a recuperar su varita.

Pero ya no estaba enfadado, porque gracias a aquella travesura, Kazztrina había aprendido que las cosas hay que conseguirlas con esfuerzo, porque nunca aparecen como por arte de magia, sino que siempre salen del trabajo y dedicación de alguien.


MUNDO REPIMEXMUNDO REPIMEXMUNDO REPIMEXMUNDO REPIMEXMUNDO REPIMEXMUNDO REPIMEXMUNDO REPIMEXMUNDO REPIMEX




miércoles, 7 de diciembre de 2011

EL OSO DE LA LUNA CRECIENTE








Había una vez una muchacha que vivía en un perfumado pinar. Su marido se había pasado muchos años lejos, combatiendo en una guerra. Cuando finalmente lo licenciaron, regresó a casa de muy mal humor. Una vez allí se negó a entrar en la casa, pues se había acostumbrado a dormir sobre las piedras. Se mantenía aislado y se quedaba en el bosque día y noche.

Su joven esposa se emocionó mucho al enterarse de que él regresaría finalmente a casa. Guisó y compró montones de cosas y preparó platos y más platos y cuencos y más cuencos de sabrosa crema de soja blanca y tres clases de pescado y tres clases de algas y arroz espolvoreado con pimienta roja y unos estupendos camarones fríos, enormes y de color anaranjado.

Sonriendo tímidamente, llevó la comida al bosque, se arrodilló delante de su esposo agotado por la guerra y le ofreció los deliciosos platos que había preparado. Pero él se levantó de un salto y pegó un puntapié a las bandejas de tal forma que la crema de soja se derramó, el pescado saltó por los aires, las algas y el arroz cayeron sobre la tierra y los grandes camarones anaranjados rodaron por el camino.
—¡Déjame en paz! —le rugió el marido, volviéndose de espaldas a ella.
Se puso tan furioso que la esposa se asustó. La escena se repitió varias veces hasta que, al final, la joven esposa acudió desesperada a la cueva de las afueras de la aldea donde vivía la curandera.
—Mi marido ha sufrido graves heridas en la guerra —le dijo—. Está constantemente furioso y no come nada. Desea permanecer apartado y ya no quiere vivir conmigo como antes. ¿Puedes darme un brebaje que lo haga volver a quererme y ser cariñoso?
La curandera le aseguró:
—Sí puedo, pero necesito un ingrediente especial. Por desgracia, se me han acabado los pelos del oso de la luna creciente. Tendrás que subir a la montaña, buscar al oso negro y traerme un solo pelo del creciente lunar que tiene en la garganta. Entonces te podré dar lo que necesitas y la vida te volverá a sonreír.
Algunas mujeres se hubieran arredrado ante semejante empresa. Algunas mujeres lo hubieran considerado una empresa imposible. Pero ella no, pues era una mujer enamorada.
—¡Cuánto te lo agradezco! —exclamó—. Es bueno saber que se puede hacer algo.
Después entonó el “Arigato zaishö”, que es una manera de saludar a la montaña y decirle “Gracias por dejarme subir sobre tu cuerpo”. Subió a las estribaciones de la montaña donde había unas rocas que parecían enormes hogazas de pan. Subió a una meseta cubierta de árboles. Los árboles tenían unas ramas muy largas que parecían cortinas y unas hojas en forma de estrella.
—Arigato zaishö —cantó la esposa.
Era una manera de dar las gracias a los árboles por haber levantado su cabello para que ella pudiera pasar por debajo. De esta manera cruzó el bosque y reanudó el ascenso.
Ahora el camino era más duro. En la montaña había unas flores espinosas que le arañaban la orla del kimono y unas rocas que le rascaban las delicadas manos. Al anochecer, unos extraños pájaros negros se le acercaron volando y la asustaron. Sabía que eran muenbotoke, espíritus de muertos que no tenían familia. Entonces les cantó unas oraciones:
—Yo seré vuestra familia. Os ayudaré a encontrar el descanso. Y reanudó su camino, pues era una mujer que amaba. Subió hasta que vio nieve en la cumbre de la montaña. Pronto notó que se le mojaban y enfriaban los pies, pero ella subió cada vez más arriba, pues era una mujer que amaba. Se desencadenó una tormenta y la nieve le penetró en los ojos y en los oídos. Cegada, subió cada vez más arriba. Cuando dejó de nevar, la mujer entonó el “Arigato zaishö” para agradecerles a los vientos que hubieran dejado de soplar contra ella.
Buscó refugio en una cueva muy poco honda en la que apenas podía guarecerse. Aunque llevaba un buen fardo de comida, no comió nada. Se cubrió con unas hojas y se quedó dormida. A la mañana siguiente, el aire estaba en calma y aquí y allá se veían asomar a través de la nieve unas verdes plantitas. “Bueno —pensó—, ahora voy a buscar al oso de la luna creciente.”
Se pasó todo el día buscando y al anochecer descubrió unas gruesas cuerdas de excrementos y ya no tuvo que seguir buscando, pues un gigantesco oso negro avanzó por la nieve, dejando a su espalda las profundas huellas de sus garras y sus plantas. El oso de la luna creciente soltó un temible rugido y entró en su cubil. La mujer introdujo la mano en su fardo y, tomando la comida que llevaba, la echó en un cuenco. Depositó el cuenco delante del cubil y corrió a ocultarse en su refugio. El oso aspiró el olor de la comida y salió pesadamente de su cubil, rugiendo con tal fuerza que hizo estremecer unas pequeñas rocas y éstas se desprendieron. El oso rodeó el cuenco desde lejos, olfateó varias veces el aire y después se zampó toda la comida de un solo trago. El gran oso se levantó sobre las patas traseras, olfateó nuevamente el aire y volvió a ocultarse en su cubil.
Al anochecer, la mujer hizo lo mismo, pero esta vez, en lugar de regresar a su refugio, retrocedió sólo hasta la mitad del camino. El oso aspiró el aroma de la comida, salió del cubil, rugió con una fuerza suficiente como para sacudir las estrellas del cielo, volvió a rodear en círculo el cuenco y olfateó el aire con sumo cuidado, pero finalmente se zampó la comida y regresó a su cubil. La escena se repitió muchas noches hasta que una noche profundamente azul la mujer tuvo el valor de detenerse a esperar un poco más cerca del cubil del oso.
Depositó la comida en el cuenco en el exterior del cubil y permaneció de pie delante de la entrada. Cuando el oso aspiró el olor del alimento y salió, vio no sólo la habitual ración de comida sino también un par de pequeños pies humanos. El oso ladeó la cabeza y soltó un rugido tan fuerte que a la mujer le vibraron los huesos.
La mujer estaba temblando, pero no cedió terreno. El oso se levantó sobre las patas traseras, abrió las fauces y rugió con tal fuerza que la mujer le pudo ver el velo rojo y marrón del paladar. Pero no huyó. El oso soltó otro rugido y alargó las patas como si quisiera agarrarla mientras sus diez uñas colgaban como largos cuchillos por encima de su cabeza. La mujer temblaba como una hoja agitada por el viento, pero se quedó donde estaba.
—Por favor, querido oso —le suplicó—, por favor, querido oso he recorrido todo este camino porque necesito una cura para mi marido.
El oso volvió a apoyar las patas delanteras en el suelo en medio de una rociada de nieve y contempló el rostro atemorizado de la mujer. Por un instante, la mujer tuvo la impresión de ver cadenas enteras de montañas, valles, ríos y aldeas reflejados en los gélidos ojos del oso. Se sintió invadida por una sensación de paz e inmediatamente cesaron sus temblores.
—Por favor, querido oso, te he estado dando de comer todas las noches. ¿Me podrías dar uno de los pelos de la luna creciente que tienes en la garganta?
El oso la miró. Aquella mujercita hubiera sido un bocado muy sabroso. Pero de pronto se compadeció de ella.
—Es verdad —dijo el oso de la luna creciente—, has sido buena conmigo. Puedes tomar uno de mis pelos. Pero tómalo rápido, después vete de aquí y regresa junto a los tuyos.
El oso levantó el enorme hocico para dejar el descubierto la blanca luna creciente de su garganta y la mujer vio en ella los fuertes latidos del corazón del oso. La mujer acercó una mano al cuello del oso y, con la otra, apresó un grueso y reluciente pelo blanco. Dio rápidamente un tirón. El oso se echó hacia atrás y soltó un grito como si lo hubieran herido. El dolor dio lugar a unos malhumorados resoplidos.
—Oh, gracias, oso de la luna creciente, muchas gracias.
La mujer hizo varias reverencias. Pero el oso soltó un gruñido y avanzó pesadamente hacia ella. Después le rugió a la mujer unas palabras que ella no entendió, pero que, a pesar de todo, conocía muy bien. Acto seguido dio media vuelta y corrió montaña abajo a la mayor velocidad que pudo. Corrió bajo los árboles cuyas hojas parecían estrellas. Y, entretanto, no paraba de repetir “Arigato zaishö”, para dar las gracias a los árboles por haber levantado sus ramas para que ella pudiera pasar. Más adelante tropezó con las rocas que parecían hogazas de pan y gritó “Arigato zaishö” para dar las gracias a la montaña por haberle permitido subir sobre su cuerpo.
A pesar de que tenía la ropa hecha jirones y de que llevaba el cabello desgreñado y el rostro sucio, bajó corriendo por los peldaños de piedra que conducían a la aldea, recorrió el camino de tierra que la atravesaba y entró en la choza donde la anciana curandera permanecía sentada al amor de la lumbre.
—¡Mira, mira! ¡Ya lo tengo, lo he encontrado, se lo he pedido, un Pelo del oso de la luna creciente! —gritó.
—Ah, muy bien —dijo la curandera con una sonrisa. Estudió detenidamente a la joven, tomó el purísimo pelo blanco y lo acercó a la lumbre. Sopesó el pelo en su vieja mano, lo midió con un dedo y exclamó—: ¡Sí! Es un auténtico pelo del oso de la luna creciente.
De pronto se volvió y arrojó el pelo al fuego donde éste crujió y se consumió con una brillante llama anaranjada.
—¡No! —gritó la joven esposa—. ¿Qué has hecho?
—Tranquilízate. Es algo muy beneficioso. Todo va bien —dijo la curandera—. ¿Recuerdas cada uno de los pasos que diste para subir a la montaña? ¿Recuerdas todos los pasos que diste para ganarte la confianza del oso de la luna creciente? ¿Recuerdas lo que viste, lo que oíste, lo que sentiste?
—Sí —contestó la joven—, lo recuerdo muy bien.
La anciana curandera la miró con una dulce sonrisa y le dijo:
—Te ruego, hija mía, que regreses a casa con los nuevos conocimientos que has adquirido y obres de la misma manera con tu esposo

Por fin llegó el día del gran concurso de globos acrobáticos.

Todos los insectos del jardín habían estado entrenando duro, y ahora se preparaban para comenzar sus piruetas. Los concursos de globos eran algo especialísimo, pues sólo podían celebrarse tras alguna gran fiesta que hicieran los niños de la casa, y había muy poco tiempo antes de que se hiciera limpieza general y los papás retirasen todos los globos.


Como cada año, los favoritos eran los insectos voladores, pues agarrados a la cuerda del globo podían llevarlo de aquí para allá trazando figuras a voluntad. Pero aquella vez había también unos participantes un poco peculiares: un grupo de hormigas. Por supuesto, nadie esperaba que hicieran nada especial, tenían tan poco peso que jamás se había presentado ninguna, pero llamaba la atención verlas a todas perfectamente uniformadas y preparadas.
Así, los distintos concursantes fueron desarrollando sus espectáculos, consiguiendo figuras con los globos realmente bellas: la mariposa y la luciérnaga, como siempre, dejaron a todos boquiabiertos con su giros y su juego de colores, y cuando les tocó el turno a las hormigas, todo parecía decidido. Las hormigas, sin embargo, por primera vez desde que se recordaba, compartieron un mismo globo; y una a una fueron trepando por la cuerda colgante, formando una delgada hilera negra. Cuando hubieron cubierto toda la cuerda del globo, la última hormiga trepó por encima de sus compañeras hasta llegar al globo, y después, siguió hasta lo más alto. Aquel extraño montaje atrajo la curiosidad de todos, que entonces pudieron ver el toque final: la hormiga abrió las tenazas de su boca tanto como pudo.. ¡y le asestó un buen mordisco al globo!. ¡¡¡Pssssssss!!!


Aquello fue apoteósico: el globo comenzó a resoplar su aire, moviéndose alocadamente aquí y allá, haciendo mil piruetas, mientras las hormigas, perfectamente sincronizadas, iban representando bellas figuras colgadas de la cuerda, todas trabajando a un tiempo por conseguir el dibujo más bello.
Por supuesto, aquel acrobático vuelo terminó con un buen golpe, pero dio igual: la exhibición de la originalidad y el trabajo en equipo de las hormigas fue tan impresionante, que ni siquiera hizo falta votar al ganador.


Desde entonces, todos se dieron cuenta de lo lejos que se puede llegar haciendo las cosas juntos, por muy difícil que lo parezca para uno sólo, y los concursos de los años siguientes estuvieron repletos de grupos participantes con espectáculos que nunca podría haber conseguido un insecto por su cuenta.









martes, 11 de enero de 2011

"El Genio sin Poderes y Simio Perickoo el Bizcocho"

Hace muchos pero muchísimos años, en un pueblo
olvidado llamado Madrigal, de un pequeño reinado, que se
encontraba lejos del mundanal ruido
vivía un pobre y triste simio llamado Pedro Perickoo El Bizcocho,
Bizcocho, crecía en las calles sin oficio ni beneficio.
Bizcocho, era vago, flojo, cagón, envidioso con resentimiento y
violencia no tenía futuro en la vida y vivía afligido, amargado,
con el hígado en el bolsillo de tanta rabia rabiosa de antiguos
recuerdos de amargura, rencores, odios y celos.
Pericko el Bizcocho no tenía ideas ni iniciativa para hacer cosas
admirables, positivas y comprender cosas..
si cosillas que lo hagan un simio de éxito, admirado y adorado
por las simias hembras…

Perii El Bizcocho, era un clásico simio perdedor que no tenía ideas
ni iniciativa por ese motivo, muchos o casi todos lo ignoraban
menos su abnegada madre que tenía compasión por su Bizcochito,
porque era el conchito de su vasta familia y lo engreía con ricos y
deliciosos churros y chocolate.

Madre: Bizcochito, hijo mío de mi corazón, no os aflijáis tanto
que eso envenena tu alma y te pone duro el corazón,
un día llegará tu día de suerte y lo encontrarás con ayuda de alguna
mano amiga y realizarás lo que tanto anhelas..

Con el pasar del tiempo…. Bizcocho continuaba con su vida… y ..
Cierto día de vagancia, de vida despreocupada, comiendo churros
con chocolate el simio Pedro Perickoo el Bizcocho caminaba
pateando latas de leche con tal “efecto” que hacía zumbar la lata
y dar efecto de goleador de ligas mayores, le daba con el pie derecho,
todo lo que encontraba en el camino, como cosas viejas dejadas
o cacharpas botadas por ser inservibles…

Bizcochito, en ese instante observó con curiosidad una cajita musical
en su camino, apartada de las demás baratijas, .. lo observó…
fijó su posición… midió su ángulo y de un certero y eficaz puntapié
con chanfle la tiró a más de 5 mts..

Bizcochito emocionado gritó.. gollll!... elevó la cabeza y se sintió
admirado por la tribuna, pensando que toda la comunidad de su
pueblo gritaba con él por el magistral tiro de gol…

Bizcocho quiso patear la cajita otra vez, pero con felina curiosidad
vio que ésta, se encontraba semiabierta con un anillo dentro que le
llamó la atención por su brillo..

Eureka…gritó Joderr es mi día de suerte…Por Dio, por Dio!

El pequeño simio emocionado y lleno de felicidad y mirando al cielo
dijo: la venderé a algún joyero y con el dinero obtenido
llevaré algo de comer a mi pobre y querida madre.. ains.

♪♫Lari.. Lara… aserrín aserran..vengan todos a cantar …♪♫ ains..,
♪♫Lari.. Lara… aserrín aserran..vengan todos a bailar …♪♫ ains..,

cantaba lleno de alegría el pobre pánfilo del Bizcocho…
que emocionado presto, el chavalillo puso el anillo al dedo.

Al limpiarla con su ropa para sacarle brillo…
la giró tres veces y en eso apareció un gigante…ZUMMM … ohhhh.. era un simio grande, fuerte inmenso con tabletas de chocolate en sus pectorales.

Era ..un negrazo con unos ojos negros intensos y de pestañas rizadas, esos ojos con brillo como su alma que parecían faroles y una gran bemba colorada, era pelón tenia barba de chivato.

El pobre Perickoo El Bizcocho dio un salto de susto, cayó de culo plop! ainssss...
y gritó… Joderr!.. quien es este negro que es más feo que el hambre?…

El Gigante Genio con cara de niño bueno, sonrió y mostrando sus dientes blancos, le dijo: no te asustes Bizcochito soy el genio del anillo. ....gracias a tu ambición y tus deseos pecaminosos de riquezas y éxito,  permitiste liberarme, estoy contento a tus ordenes para ayudarte.

El Genio incluyó…..pero antes quiero decirte que soy un genio olvidadizo,  hummm... porque con el tiempo que he pasado en cautiverio del anillo, no recuerdo cuales son mis poderes,

haber hummm no….hummm si??
Humm no, naa..de naa, no los recuerdo...

Perickoo el Bizcochoo lleno de rabia, dijo… Mierdaaa! ¡me cago en too!...
de que me sirves sino tienes poderes??.Joderrrr...
yo que estaba ilusionaoo
Agrego: "Todos los genios tienen poderes y dan a sus dueños lo que quieren:  riquezas, poderes, mujeres, son admirados, además de éxito, yo quiero un coche con 65 hermosos caballos blancos, dentro de el coche
Asi, cuando quiera, pueda sacar a mis caballos del coche y pasear con ellos para envidia de la gente del pueblo que me ha mirao muy mal...…
!Mierda la suerte mía!… grrrrrr..mascullaba el pobre Bizcocho…

viendo tanta desazón el gigante genio se sintió avergonzado…
que acompaño por un rato al Bizcochoo, pensando que sería hora
de buscar soluciones ya que los genios siempre solucionan problemas de los debiles.

Genio: Bizchocho... hummm  No te aflijas, tengo mi cuaderno de notas, donde está escrito que no tengo poderes, porque mis antiguos dueños fueron muy ambiciosos
y jugaron a la timba los poderes de los dos genios...
y el genio del amo que perdía, debería entregar sus poderes
al genio dueño ganador…

así, pobre de mi... perdí mis poderes snif snif..Buaaa
y abrazando al Bizcocho comenzó a llorar desconsoladamente
y sintió que no era el único perdedor...

Perickoo el Bizcocho emocionado, tocado en el corazón porque había encontrado otro perdedor, también se puso a llorar,
lloraban y lloraban a mares, tanto que formaron una laguna con sus lagrimas…

El genio decía : Bizcochito buaaa…buaaa...
“ambos somos perdedores, somos unas mierdas, estamos conectados, nos necesitamos”.. buaaa

Bizcocho contestaba si… buaaa .. buaaa
“no valemos nada..somos tan perezosos,
no tenemos nadaa de naa ... buaaaa y continuaron llorando,

De pronto comenzaron a saltar peces de la laguna de lágrimas…
entonces un gran pez asomando la cabeza gritó…
Bravo gilipollas! habeís formado una gran laguna,
¿Porqué lloraís como maricas? … Avivaos, Alee!
ayudaos ambos y podréis salir adelante…
si no podeis ser lideres, podeis ser mediocres argolleros
que es peculiar con esa gavilla de perdedores
formen una cofradía, un sindicato, una institución o algo parecido
si… asi como hacen los grupos políticos y los grupos de poder ...
que maman a expensas del pueblo la teta del poder
y verán como resuelven sus problemas y atan las necesidades de muchos
y zooommm desapareció el gran pez .…

y de pronto el Genio dijo: ahh,.. Perii.. tengo algo que os puede ayudar …
es que puedo interpretar muchas cosas porque en mis tiempos de ocio. Mira.. Yo paso casi todo el día en internet donde aprendí muchas cosas y trato de recuperar mis poderes mágicos..
ademas, te puedo enseñar a cocinar churros y chocolates, y algunas
recetas de cocina, además de modales, cultura y buenas costumbres
si deseas ser un cazador en el arte de cazar hembras simias ricas y
cachandosas, ganar su corazón y sus amores.. yo te ayudo..eh, que te parece la idea?.
Continuó diciendo el Genio …fíjate soy tan bueno en Internet que me  consideran un hacker… ja ja ja
ah! Mira que hasta subo tutoriales para enseñar lo que aprendí jejeje.
Pericko el Bizcocho: Ah si??? Humm
Genio: Sii.. continúo diciendo, ... además,...sé hacer videos, fotografías, pàginas webs con música de fondo, hago barras de herramientas, y de chocolate, también blogs, páginas web, multiradios, tengo mi feibus, twiter, mails, nbsp; hago chat y chateo con genios amigos y chicas ...soy feliz allí y no me aburro.
Perickoo el Bizcocho: humm... no sé.

Bizcocho: Genio..Tú crees que así, seré un simio de exito???
Genio: Seguro Bizcochito, seguro.
Bizcocho: Anda yaa!

Bizcocho: quizá pueda encontrar a alguien que pueda ayudarme a formar  un pequeño mundo de al menos 4 gatos que nos aplaudan, griten y digan que somos lo mejor de Internet??

Perickoo el Bizcocho: Mira, quiero saber muchas cosas ainss.. pero no se, ... debe ser muy difícil aprender…

Bizcocho: hummm me podrías ayudar mi querido compipa Genio…si??
Genio: Claaaarooo que si.

Bizcochito: Compipa Genio, me puedes explicar que es la "Telepatía"y cómo funciona?
Porque yo hice un experimento con las moscas y todo bicho rastrero o volador que se moviera, era un placer con mucha adrenalina cuando le quitaba las alas y les decía, mentalmente haber mosca vuela, ... y la mosca sin alas hacia ademanes de querer volar zunnnnnn...  como quien quiere y no puede ... y nada de naaa
y las aplastaba por inútiles a mi experimento.

Con otros bichos rastreros igual….
Algunas volaban ... y pienso yo que captaban mi mensaje de telepatía en sus patas parabólicas que le servían de antenas..
pero no sé, si la telepatía es verdad o es una mierda inventada por los burgueses para dejarnos anonadados e impresionados..
bah! creo que son patrañas de los ricos solo eso. Jaa !

Genio: Noo! Bizcochito la telepatía existe.. sí no, no estuviera aquí contigo, me llamaste mentalmente, telepáticamente, parabolicamente y fui nominado por unanimidad por la comunidad de genios para ayudarte y a la vez tener la oportunidad de recuperar mis poderes mágicos.

Perickoo el Bizcocho: Te explico, porqué yo hice un experimento con un cien pies para comunicarme con él, pero al final quedé muy desconcertado con lo que pasó.
Genio: Ah si?? anda ya!!..

Perickoo el Bizcocho: Ah.. como te contaba, yo tenia unas moscas
y les quitaba las alas y les decia telepáticamente mosca vuela
y naaa no volaba.. y esto me hizo dudar un poco.

Genio:ja ja ja.. Sos pelotas Bizcochito…
si les quitas las alas no puede volar… joder!!
Eso no es telepatia, eso se llama hacer mierda a las moscas..vale?

Perickoo el Bizcocho: No te rias, porque esto es una cosa muy seria y yo  telepáticamente me puedo sentir ofendido. Vale?, pero te digo una cosa y es verdad que yo hice contacto telepático con un "ciempies".
Genio: Ah si??? Cuenta.. cuenta…que esto se pone interesante.

MUNDO REPIMEX
Perickoo el Bizcocho: hummm Con un cien pies hice un experimento experimental jejeje le quite una pata y luego mandé ondas telepáticas y telepáticamente le dije:
ahora cien piés ve al siguiente cubículo que allí hay comida de premio. Y el cien pies caminó y caminó, me dejó anonadado, turuleco con la boca abierta… Pamplinas, con una pata menos!!. Wowww. Nooo puede serrrrr!!!

Al día siguiente, hice lo mismo, le quita la pata del otro lado y luego
telepáticamente le dije jejeje... cien pies ve camina al siguiente cubículo por tu premio…
y el cien piés caminó al siguiente cubículo por el premio..
Yo, estaba excitado,ya no ya, con mis poderes telepáticos. !Dios mío de mi vida!,
“Tenía el poder de hacer caminar y ordenar que se moviera el cien pies”
Así día tras día, le quitaba una y otra pata ...
llegando a los 98 patas que le había quitado y el cien pies caminaba hacia el otro cubículo por el premio.

Pienso que sus patas eran sus antenas o parabólicas para escucharme  en circuito cerrado y en ondas FM Stereo
y pensé, seguro si les quitaba las dos ultimas patas no podría moverse.
Porque no podría escuchar el mensaje telepático.

Al día siguiente para no perder tiempo les quite sus dos patas
y le dije telepáticamente: ahora te quiero ver cien pies..
té ordeno que vayas por el premio que es comida muy rica al siguiente cubículo y la deje allí sola, sin patas, para verla al día siguiente muerta al pobre bicho rastrero del cien pies.

Perickoo el Bizcocho: Jajaja que malo que soy!..  ja ja ja
Genio: Joderr Pericko que inteligente, malvado y jodido que sos!
Y que pretendías con todo ese martirio espantoso con el cien pies ?
Seguro afirmar tu poder telepático no??
Perickoo el Bizcocho: hummm Eso pense ...
pero eso de la telepatía son puras patrañas que no existen,,,porque.. ahora…
Estoy más desconcertado..
Genio: pero qué Bizcochito?,…
cuenta, cuenta, que me como las uñas de las manos.
Perickoo el Bizcocho: resulta que fui a ver al cien pies que estaría muerto, sin patas y.. Sorpresa!
Encontré al ciempiés en el otro cubículo enpanzurrado de comida
descansando todo orondo y con una sonrisa en los labios.
Perickoo el Bizcocho: Que pasó? le pregunte al cien pies..
sino tienes patas como diablos llegaste hasta acá?
Se supone que estarías cagado a tu destino sin patas y muerto de hambre?

Y el cien pies me miro de pies a cabeza y con desprecio me dijo:
mira gilipollas, llegue en muletas…
"porque el que puede , puede y el que no aplaude"…
Genio y Bizcochito: PLOP! PAM!

Moraleja: Los problemas no existen, existen solo en la mente.

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Autor: Héctor Palitto.
Derechos Reservados.


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