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jueves, 22 de julio de 2010

"A las escondidas"



Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.
Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura, les propuso:
|Vamos a jugar a las escondidas!, yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón y cuando yo haya terminado de contar, el primero que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.
El entusiasmo bailó secundado por la euforia. La intriga dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda, e incluso a la apatía, a la que nunca le interesaba nada.
Pero no todos quisieron participar, la verdad prefirió no esconderse ¿Para qué?, si al final siempre la hallaban, la soberbia opinó que era un juego muy tonto, y la cobardía, prefirió no arriesgarse...
-Uno, dos, tres...- comenzó a contar la locura.
la fe subió al cielo y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La generosidad, casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos y terminó por ocultarse en un rayito de sol. El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo...pero sólo para él. La mentira se escondió en el fondo de los océanos, y la pasión y el deseo en el centro de los volcanes. El olvido... se me olvidó donde se escondió.
Cuando la locura contaba 999.999, el amor no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado...hasta que divisó un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.
- Un millón - contó la locura y comenzó a buscar.
Al acercarse al lago descubrió a la belleza, y a la duda la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de que lado esconderse.
Así fue encontrando a todos, al talento entre la hierba fresca, a la angustia en una oscura cueva, a la pasión y el deseo los sintió en el vibrar de los volcanes, al egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solito salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas, a la mentira la halló detrás del arco iris..(mentira, si ella estaba en el fondo del océano).
Pero sólo el amor no aparecía por ningún sitio.
La locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y tomando una horquilla comenzó a mover las ramas. De pronto un doloroso grito se escuchó.
Las espinas habían herido en los ojos al amor, la locura no sabía que hacer para disculparse, lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.
Desde entonces, desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la Tierra:
El amor es ciego y la locura siempre la acompaña.

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